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14 de enero de 2011
15 de octubre de 2010
29 de julio de 2010
No title
De acuerdo, suprimamos los toros. Son fiestas violentas, se tortura a un animal, el cartel de "espectáculo" es más que discutible, etc., etc.
Ahora bien, ¿qué fiestas nos quedarán cuando quitemos de nuestro calendario las que torturan animales, contaminan el medio, desperdician comida o tienen su origen en la religión católica (en un estado laico y aconfesional bla, bla, bla)?
No me parece un buen argumento para defender y legitimar una fiesta alegar que es una tradición. También lo son la crucifixión y la lapidación, por ejemplo. O la esclavitud y el machismo.
Precisamente se me ocurre comparar (y me excuso por las altas horas a las que escribo estas líneas) la supresión de los toros con la abolición del machismo. Piensen que nuestra sociedad está construida sobre el (innegablemente) injusto patriarcado, sistema social en el que el hombre tiene más peso que la mujer (no, no hablo de gordos). Vale, pues si de pronto decidimos acercarnos un poco más al inalcanzable mundo perfecto de la igualdad plena eliminando las discriminaciones por motivos de género, NOS VAMOS A ENCONTRAR UN AGUJERO ENORME!! Pero no sólo un agujero en el sentido cultural, también con un tembleque de no te menees (fíjense qué paradójico) al quitar de nuestro castillo de naipes uno de los más mugrientos y antiguos sobre el que construíamos.
No, (por favor, señoras, guarden sus piedras) no digo que no debamos cambiar la situación. Debemos y podemos. De hecho la historia no deja de mostrarnos cómo se han ido levantando los colectivos oprimidos y han cambiado su situación plantando cara. Yo apoyo el cambio, apoyo la abolición del machismo y sueño con que en un futuro cercano hombres y mujeres cobren lo mismo, se les valore igual en la esfera política y puedan acceder a los mismos sectores económicos y escalar hasta la cima de éstos. Ya tenemos escritoras, científicas, abogadas, médicos chica (mierda, ya empezamos con el jaleo de la lengua)... Sin duda la situación va a mejor y así debe seguir siendo hasta que se igualen las tornas.
El problema, a mi entender (por favor, piedras afiladas no), es que se está pretendiendo cambiar en dos días un sistema que ha durado milenios y cuya limpieza nos llevará mucho tiempo y esfuerzo. NO es bogar hacia la igualdad diseñar un gobierno paritario (menuda parida de nombre...), NO es bogar hacia la igualdad dar preferencia a las mujeres sobre los hombres (igual que no lo es a la inversa), NO es bogar hacia la igualdad hacernos sentir culpables de la situación desigual a los nuevos hombres ni muchas otras actitudes que se ven todavía y que reavivan la estúpida hoguera de la guerra de sexos.
Bueno, hasta ahí mi opinión. Espero que no me tiren muchas piedras. Como mucho les dejo que me tiren inofensivas chinas. ¡Mierda! Ahora me tocará hablar del racismo en el lenguaje (y encima dar explicaciones a mi novia)...
Ahora bien, ¿qué fiestas nos quedarán cuando quitemos de nuestro calendario las que torturan animales, contaminan el medio, desperdician comida o tienen su origen en la religión católica (en un estado laico y aconfesional bla, bla, bla)?
No me parece un buen argumento para defender y legitimar una fiesta alegar que es una tradición. También lo son la crucifixión y la lapidación, por ejemplo. O la esclavitud y el machismo.
Precisamente se me ocurre comparar (y me excuso por las altas horas a las que escribo estas líneas) la supresión de los toros con la abolición del machismo. Piensen que nuestra sociedad está construida sobre el (innegablemente) injusto patriarcado, sistema social en el que el hombre tiene más peso que la mujer (no, no hablo de gordos). Vale, pues si de pronto decidimos acercarnos un poco más al inalcanzable mundo perfecto de la igualdad plena eliminando las discriminaciones por motivos de género, NOS VAMOS A ENCONTRAR UN AGUJERO ENORME!! Pero no sólo un agujero en el sentido cultural, también con un tembleque de no te menees (fíjense qué paradójico) al quitar de nuestro castillo de naipes uno de los más mugrientos y antiguos sobre el que construíamos.
No, (por favor, señoras, guarden sus piedras) no digo que no debamos cambiar la situación. Debemos y podemos. De hecho la historia no deja de mostrarnos cómo se han ido levantando los colectivos oprimidos y han cambiado su situación plantando cara. Yo apoyo el cambio, apoyo la abolición del machismo y sueño con que en un futuro cercano hombres y mujeres cobren lo mismo, se les valore igual en la esfera política y puedan acceder a los mismos sectores económicos y escalar hasta la cima de éstos. Ya tenemos escritoras, científicas, abogadas, médicos chica (mierda, ya empezamos con el jaleo de la lengua)... Sin duda la situación va a mejor y así debe seguir siendo hasta que se igualen las tornas.
El problema, a mi entender (por favor, piedras afiladas no), es que se está pretendiendo cambiar en dos días un sistema que ha durado milenios y cuya limpieza nos llevará mucho tiempo y esfuerzo. NO es bogar hacia la igualdad diseñar un gobierno paritario (menuda parida de nombre...), NO es bogar hacia la igualdad dar preferencia a las mujeres sobre los hombres (igual que no lo es a la inversa), NO es bogar hacia la igualdad hacernos sentir culpables de la situación desigual a los nuevos hombres ni muchas otras actitudes que se ven todavía y que reavivan la estúpida hoguera de la guerra de sexos.
Bueno, hasta ahí mi opinión. Espero que no me tiren muchas piedras. Como mucho les dejo que me tiren inofensivas chinas. ¡Mierda! Ahora me tocará hablar del racismo en el lenguaje (y encima dar explicaciones a mi novia)...
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